Un asiento de piedra
26/01/25
Inerte, vacío, sin prisa, sin frio ni suerte. Los pájaros de metal retumban sobre él, opacan el canturreo de los angelitos posados sobre cada ramita y aun así ahí esta, tranquilo, aburrido dirían algunos, pero a la vez caótico, sin silencio absoluto.
A los ojos del buen observador es guardián de secretos, bibliotecario de historias ajenas, espectador de risas, enojos y llantos atrapados por el tiempo; mismo tiempo que pareciera no pasar cuando se sienta uno a conversar o quizás a imaginar en otros días ¿Cuántos más?
Frio, muy duro, tan maravillosamente lleno y a la vez vacío. Danzantes son las hojas que lo rodean cuando el viento sopla vida en el lugar.
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