Una mañana

Fresca y radiante se erigía la mañana

había una calidez que me arropaba  cada fibra,

los rayos del sol entraban por la ventana,

abrí mis ojos y vi la razón de mis fascinaciones,

rodeados por cuatro encarnaciones del amor más peludito 

la felicidad me llegaba e inundaba mis pulmones.


Al verte abrir los ojos y mirarme quede desarmado

la calidez de tus manos al sentir mi piel me hacían saberme vivo:

ahí lejos de toda tensión y oscuridad del mundo desalmado,

tus labios me besaron dulcemente.


Reposada en mi pecho me preguntaba si dormir me era posible

sabiendo que aquí en la realidad existes junto a mi,

fue entonces cuando comprendí que el verdadero sueño eres tu,

que este era el mar en calma que somos y que me sumergiría,

que es cierto que pertenezco contigo y que mi corazón pertenece con ustedes.



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