Fuga

 En un cuarto oscuro, me inunda de adentro hacia afuera, todo ante lo cual he querido ser ciego más de una vez, se me planta en frente con una sonrisa burlona, con un aire de irrefrenable, de inevitable. 

El temor aumenta, me tiemblan no solo las piernas, todo el cuerpo se siente tan pesado y el corazón tan destrozado; es entonces cuando me toma por el cuello, me levanta y me arroja al vacío. 

Es una caída rápida con constante aceleración, cierro los ojos aunque no hay nada que ver; aprieto fuerte los puños, el estomago y los parpados; lloro, grito, tiemblo, siento la presión en la cabeza, en el pecho, me da nauseas. 

Mientras caigo intento repetirme que ya pasara, que solo es cuestión de tiempo, que pronto podre abrir los ojos y ver nuevamente el bosque, los verdes pastizales, los arroyos, las nubes, los rayitos de sol, las flores coloridas; que pronto podre volver a sentir la fuerza, la calidez, la luz llenándome cada célula.

Intento convencerme que es solo un mal momento, mientras caigo y ruego por poder abrir los ojos antes de tocar el fondo, porque caer me duele y me da miedo saber que puede dolerme aun más. Respiro fuerte y me desmayo, solo así puedo evitar pensarlo.



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